lunes, junio 22, 2009

Boda

Este fin de semana he asistido a una boda.

Quien me conoce un poco ya sabe (o tal vez no) que las bodas no me gustan nada. Cero. Niet. Nothing. Pero esta era una ocasión especial.

Los participantes eran mi padre y su novia.

Y bueno... en realidad es complicado intentar transmitir lo que pienso y siento con respecto al tema. Dejando aparte los tópicos (pero no por serlo menos verdaderos) acerca de desearles lo mejor de lo mejor a los dos, de estar encantado con los invitados y de verles tan radiantes y contentos, lo cierto es que me siento bastante desconcertado.

Dentro de nada cumpliré treinta años y sin embargo parece que fue antes de ayer esa época en la que solamente tenía quince y mis pasiones y mis miedos eran básicamente los mismos que ahora, pero menos atemperados por la experiencia. Veo a ese adolescente con la cara frita por el acne, las gafas grandes, la mirada triste pero dulce. Y pienso en lo que él hubiera pensado si algún viajero del futuro le hubiera dicho que dentro de quince años asistiría a la boda de su padre.

Hubiera pensado cosas poco agradables.

Durante estos quince años han sucedido muchísimas cosas; tantas que no acierto a ver ningún patrón en la miríada de hilos conductores que conectan los hechos y experiencias, y que se dibuja a mi alrededor como las estrellas de una galaxia. Me he movido con el mundo. Ahora, al volver la vista atrás el paisaje es hermoso, pero también bastante diferente a lo que ese lejano adolescente pensaba que sería. Y aún hay zonas que no veo con claridad, que siguen cubiertas de niebla o de penumbra. No sé si llegaré a verlo todo alguna vez.

Pero en fin, ocurre que hay muchas parcelas de mi vida en las que soy tremendamente versatil, pero otras no disfrutan de esa prebenda. Por ejemplo la familia.

Nunca he llevado bien que mi familia no fuera una de tantas al uso, a partir de la separación de mis padres. Siempre he sentido que mi familia se rompió cuando sucedió aquello, y aunque la experiencia me ha demostrado que estaba equivocado, es cierto que aquel ambiente familiar ya nunca volverá. Saber eso es una de las cosas que me han hecho ir a la deriva en cuestiones familiares en la última década. Puedo funcionar sin etiquetas en prácticamente todas las parcelas de mi vida, pero no en lo que atañe a mi familia. Y es que "mis padres" dejaron de ser "mis padres" para convertirse en "mi padre y mi madre". Puede parecer lo mismo, pero no lo es.

Y estoy desconcertado porque según la fría lógica no debería hacerme ilusión que mi padre se haya casado. Pero el caso es que me la hace. En parte es porque B. es una mujer excepcional, lleva doce años con él, y ha estado ahí dando apoyo y cariño (a él, a mí y a quien lo ha necesitado) siempre. En parte también es porque me gusta ver que mi padre ha sido capaz de rehacer su vida con notable solvencia y que tiene una compañera de lujo en su particular viaje.

También estoy desconcertado porque... en fin, no se casaron en la iglesia sino en un ayuntamiento. Simplemente han firmado un papel que da fe ante el estado de que bla bla bla. Y llevan mucho tiempo juntos. La situación no debería ser diferente a como ha sido. Pero para mí lo es. Me fastidia reconocerlo, pero lo es. Manda narices. Mi padre ha "regularizado" su situación ante el estado y a mí, firme defensor de la primacía del sentimiento sobre la burocracia y la legalidad vigente, me hace ilusión. Manda narices.

En fin.

El caso es que esto viene a dar la razón al viejo axioma del "sólo sé que no sé nada". Quién me lo iba a decir.

La boda en sí fue como todas las bodas deberían ser: corta, hermosa y familiar. El último punto es de especial importancia porque fuimos catorce. Y, aunque faltaron algunas personas (la madre de B. y mis abuelos, en paz descansen), las que estuvimos éramos las que teníamos que estar, familiares y amigos cercanos.

Nunca pensé que diría esto (again) pero fue una boda estupenda. Gracias a los dos por hacerla posible.

Ah, y quiero anunciar aquí que mi dama es la mejor. Ella ya lo sabe, pero nunca está de más repetirlo. Gracias cariño. Has sido un pilar para mí este finde y tantos otros días.

PD: No, no voy a dejarme llevar por la emotividad y decir que los novios estaban muy guapos.
PPD: Aunque lo estaban.
PPPD: Y mucho.

6 comentarios:

Último Íbero dijo...

No debería decirlo. Pero esta entrada me ha hecho replantearme muchas cosas de mi vida en relación con mis padres.

No se si para bien o para mal, pero ahí está.

En cualquier caso, me alegro un montón de que te haya gustado el evento. :)

Gorpik dijo...

Qué majicos todos :)

Aunque no acabo de hacerme a la idea de cómo debe ser la sensación de ir a la boda de tu padre. Normalmente es al revés, los padres van a las bodas de los hijos.

Fantine dijo...

La verdad es que la situación debe ser curiosa, porque no es algo que pase todos los días que uno vaya a la boda de su padre.

Y en cuanto a lo de que no te gusten las bodas ... quizás el hecho de haber sido una ceremonia civil, unido a lo especial de tu relación con los novios es lo que ha provocado que la hayas disfrutado. De todas las bodas a las que he asistido, la que mas me ha gustado con diferencia ha sido la de mi hermano, por lo civil en un jardín de un pazo gallego :)

Si alguna vez me da por "regularizarme" hare lo mismo. Y el motivo? Principalmente los 15 días de vacaciones :P

Anónimo dijo...

Conozco esa sensación... en realidad emociona, quieras o no, pero no porque a uno le haga gracia, sino porque sabe que esas personas quieren ser felices y si les aprecias, pues también comparten contigo esa felicidad.

Me alegro de que lo hayas disfrutado.

Mª José dijo...

Cariño, gracias por el comentario pero no tiene que darme las gracias. No sería una buena pareja si no estuviera ahí cuando me necesitas.
Te quiero.

Doc dijo...

Siempre le he echado en cara a mis padres el que no me invitasen a su boda... sólo por el hecho de tener -1 año y poco no merezco ese desplante, digo yo xD

En fin, que mi más sincera enhorabuena para ellos, de todo corazón... 12 años, eso es pensárselo! xD

Ear, quedaremos algún día de éstos, digo yo... que aún tienes por conocer mi casa y tal... y ya sé que Leganés te "pilla lejos", pero no me vale como excusa. Y nos falta también conocer a MªJosé, que de ella sólo sabemos de oídas, y era de cuando empezásteis a salir, jejeje.

Un abrazo!


Doc & Lauri